
El cansancio comenzaba a sentirse de a poco mientras me internaba en el bosque, pero no me detuve, ni siquiera para recuperar el aliento mi marcha fue alterada. Me aterraba el detenerme, el parar solo un momento para poder recuperarmede las pocas fuerzas que me habían sido arrebatadas. ¿A dónde iba? A ningún lugar…
Un par de gotas cayeron desde lo alto de los cielos, mientras que los últimos rayos de la luz del día comenzaban a perderse en el horizonte. Aún cuando mis pies me ardían, mi garganta se secaba, y mi piel se humedecía, no detuve mi marcha. Un frío soplo de viento hizo que la piel se me erizara, mientras que el llanto del cielo se hacía cadavez más y más fuerte. La noche había caído completamente.
Las lágrimas se agolparon en mis ojos instantáneamente,para luego caer de rodillas a la húmeda tierra. Lloré, lloré sin consuelo como nunca antes había llorado ya que el dolor me consumía el alma por completo, y no podía hacer nada al respecto. Y mucho menos cuando en mi mente las palabras de mi amado hacían eco…
“¿Por qué lloras? Nunca me ha gustado verte triste. Siempre trata de sonreír, por mi. Inténtalo por mi”.
Solté un suspiro ahogado, mientras mis brazos trataban de darme consuelo. Estaba siendo usada cruelmente por el destino, y lo peor de todo era que no sabía por qué.
¡ Dios, por favor, dime por qué no puede desaparecer toda esta tristeza que lastima tanto mi alma !
“Aún cuando no me considero creyente, siempre he creído que las personas necesitan de alguien en quién depositar toda su fé y esperanzas. Espero algún día creer en ese Dios como tú lo haces...”
Temblorosa, logré sacar de uno de mis bolsillos un pedazo de papel. La lluvia logró hacer que la tinta se corriera de su lugar, pero aun así todo era legible. Volví a tener miedo. Miedo porque sabía que lo que estaba ahí escrito era una cruel mentira. Sí, era una cobarde, lo reconocía, pero cualquiera en mi lugar estaría igual.
“... El ejército alemán sigue avanzando mientras que nosotros seguimos teniendo pérdidas. Pero tengo esperanzas de que nuestra suerte cambiará pronto… No estoy muy seguro de que hora es en estos momentos, pero tampoco lo he sabido en todo este tiempo. ¿Qué importan las horas cuando mi vida está lejos de la tuya?... Solo ten paciencia, cariño mío, solo aguarda un poco más mi llegada. Volveré a ti, sea como sea, pero lo haré…”
Mis manos cerraron con fuerza aquellas palabras plasmadas en aquella hoja, para luego desplomarme completamente sobre la tierra. Un dolor punzante llegó desde mi cabeza, pero no le di importancia alguna ¿Qué más podía importarme en la vida, si lo más importante de ella me había sido arrebatada? No podía entenderlo… y así caí inconsciente.
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- ¿Aún repite las mismas palabras?
- No ha habido día que no lo haga. Todo ha sido mi culpa.
No debí aceptar lo que dictaba el ejército. Si hubiese sabido que… si solo… hubiese llegado antes que esa carta.
- ¿Carta? ¿Qué carta? – le pregunté con una evidente curiosidad en mi voz.
- Hubo un momento en el que, mi batallón me dejó abandonado cerca de la frontera alemana. Debieron pensar que no tenía escapatoria, que mis esperanzas de vida habían acabado al estar tan cerca del enemigo, pero no fue así. Logré escapar tiempo después y pronto tomé un buque que me llevó directamente hasta Inglaterra. Pero por desgracia, la noticia de que estaba muerto llegó mucho más rápido que la que decía lo contrario.
>> Así que, cuando por fin llegué a Inglaterra, lo primero que hice fue ir donde Anne para decirle que aun estaba vivo y que… por fin había vuelto a ella, como se lo había prometido tantas veces. Pero fue demasiado tarde. La casa estaba vacía, y solo un difuso rastro de sus huellas con dirección al bosque me llevaron a su lado. Se encontraba tendida en el suelo, completamente inconsciente. Su rostro estaba pálido, y una pequeña huella de sangre se escapada de su cabeza… Y entre sus manos…. Entre sus manos se encontraba una de las tantas cartas que había alcanzado a mandarle, mientras que dentro de uno de sus bolsillos reposaba la carta de los comandantes.
>>Recuerdo que lloré, que grité, y la sujeté dándole algo de refugio. Y así nos quedamos un par de minutos hasta que, tomándola entre mis brazos la conduje hasta el hospital más cercano. Pero ya era demasiado tarde… La herida de su cabeza era demasiado profunda, y sus consecuencias aún peores.
No podía dar crédito a lo que escuchaba, ya que su historia me conmovía profundamente. Como resportera siempre he tenido la curiosidad de indagar historias humanas, y ésta era una de las más conmovedoras que me había tocado presenciar.
- Ya han pasado unos quince años, y aún no hay cambio alguno – siguió el hombre sin despegar su mirada de la figura de su esposa -. Para ella, todos los días son iguales al que recibió aquella carta. Y por más que intente decirle lo contrario, ella…. hace caso omiso. Quizás sea en estos momentos solo un fantasma que la persigue. Pero nada más.
Miré un momento aquella imagen lo más detenidamente posible, y sé que nunca será borrada de mis recuerdos. Ahí, a un costado de la habitación, una mujer frágil con los años sobre la piel, yacía sobre la cama. A su lado, su fiel amante, esposo, compañero. Su rostro podía reflejar todo lo que un corazón lastimado podía sentir ¿Qué palabras alentadoras podía decirle a una persona que tenía el corazón desgarrado y el alma desaparecida? Nada sería suficiente.
- ¿Sabe? Muchas veces me dije a mi mismo que estaba solo, pero ahora me doy cuenta que Dios está a mi lado y me da fuerzas cada día para seguir adelante. Aún así, en algún momento moriré, señorita Miller, y Anne quedará sola. Ella seguirá viva en sufrimiento, y yo moriré en lamento.
- No tiene nada que lamentar David. Porque por mucho que lo niegue, llego a tiempo. Si no hubiese sido por usted, Anne habría muerto. Ella todavía lo espera y anhela el momento de su llegada, como usted se lo había prometido. Todos estos años usted la ha acompañado fielmente, con la esperanza de que vuelva a la realidad. Y algún día ella lo mirará y lo reconocerá.
- Vuelve… por favor vuelve a mí… vuelve – solo fueron unas cuantas palabras dichas al aire, pero bastaron lo suficiente para que las mejillas de David se cubrieran de lágrimas, mientras se acomodaba al lado de su amada y le decía “No te preocupes, amor mío, pronto volveré a tu lado nuevamente”. Una de las frágiles manos de Anne se posó sobre las de David para así poder sujetarlas con firmeza.
Mientras un par de lágrimas escapaban de mis ojos. Ya había vivido muchísimos años, y sé que no vería el final de esta historia. Pero de algo estaba segura, tendría un final feliz, el final que siempre soñaron y que los espera ansiosamente.

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